sábado

Inútil y subversivo

Vestí mi uniforme y salí a la calle, reclamando los derechos de los estudiantes. Corrí la Alameda mil veces, huyendo de la represión. Mojaron mi escudo protector con agua del Mapocho. Respiré lacrimógenas. Sentí la adrenalina, la alegría de movilizarse. Escuché que me dijeron: "Es por tu futuro", y fui y marché revolucionando Santiago. Grité la consigna más fuerte que pude. Quizás nadie me oyó. Me convertí en el inútil y subversivo más pequeño. Así me lo dijo mi mamá, quien me esconde bajo su jumper y me lleva en su vientre hace apenas cuatro meses.



Santiago en 100 palabras.
Carlos Cornejo, 51 años, Lo Espejo.  

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